5 ago. 2010

Corre, Pequeño, Corre

El viento en la cara, golpeando su pelo. Las plantas secas se mueven en círculos rozándola suavemente. Se acerca lentamente a él y le acaricia con dulzura el lomo. Entonces le abraza de forma especial. Sube con cuidado y algo de torpeza, hace tiempo que no monta. Al principio él también es reacio, pero una caricia por sus crines le tranquiliza. Ella respira hondo, se siente preparada de nuevo. Comienzan a cabalgar al paso, los dos, juntos. Cuesta un poco coger el ritmo, pero pronto vuelven a ser uno sólo: él, de pelo negro y brillante, y ella, con sus ojos oscuros y llenos de ilusión. "Corre, Pequeño, corre, que ahora somos imparables" le susurra al oído, y con una patadita empiezan a galopar como nunca antes, sintiendo la libertad de volar, esa libertad que hacía tiempo que no sentía.
Martina casi lloraba de felicidad, entonces el caballo se alza triunfal a dos patas, llenando el corazón de la joven de muchas ganas de gritar.

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