5 ago. 2010

¿Con música todo es mejor?

Toda la casa olía a frío y a pastillas para el dolor de cabeza. Había cristales por todas partes y unas gotitas de sangre al lado del teléfono. La música sonaba alto, a todo volumen, como si fuera el último día para poder escuchar. Mientras, Julia tiritaba acurrucada en la esquina del salón. Tenía los ojos hinchados y un corte ensangrentado en el muslo de algún cristal que le habría saltado. Fue entonces cuando se dio cuenta de que la fragilidad y sutileza de los veinte, ya hacía años que había desaparecido. Treinta y cuatro, como pasa el tiempo, cuando quieres darte cuenta ya es hora de decir adios.

La música alta le relajaba, pero el sabor amargo de sus labios la hundía de nuevo. Cuanta gente habría pasado por su vida y cuantas oportunidades perdidas. Nunca hizo nada para demostrarle al mundo lo que vale y sabe que se quedará toda su vida lamentándose por no haberlo intentado. Por eso lloraba aquel día, porque sabe que no es lo suficiente fuerte para intentarlo ahora.

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