21 jul. 2010

Ballet


Moño alto y bien peinado. Maillot rosa con tutú a juego. Medias blancas y puntas de ballet. Demi plié, relevé, tendu... Primera de brazos y tercera de pie, detourne y pirueta. Un gran salto y la pose triunfal. Aplausos, vitoreos y ovaciones. Se cierra el telón y las lágrimas caen. Por fin se siente completamente feliz, totalmente realizada. Después de tanto esfuerzo, el trabajo de años se ve recompensado. No es dinero, no, es un aplauso, una sonrisa, es algo especial. Antes, cuando no era mujer todavía, cuando estaba aprendiendo a bailar, las heridas curtían los dedos de sus pies. El dolor cubría su alma y la humillación a la que aquella mujer le sometía cuatro días a la semana, acababa casi rompiendo su corazón. Pero el tiempo secó la sangre y poco a poco las heridas cerraron. Se hizo mayor, se convirtió en toda una bailarina de verdad. Aclamos y llantos de emocion, llenando su alma y su corazón de felicidad.

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