20 ago. 2010

Su historia de amor era una como otra cualquiera

Su historia de amor era una como otra cualquiera, pero con un encanto singular. Con el sabor especial de los ojos verdes que un día la sedujeron, con el aroma particular del cabello rojizo que le volvió loco. El sonido de la risa de aquella veinteañera soñadora que tanto anhelaba vivir en las nubes, y la voz dulce de él, la voz que tanto susurraba en su oído.
Besos, caricias, abrazos, gritos, discusiones, reconciliaciones y miradas de complicidad. Silencios vacíos y silencios repletos de amor. Lágrimas, a montones, pero ¿y sonrisas? Incontables. Los cafés de las nueve, aunque Ainara odiaba el café.
"¿Ainara? ¿Qué nombre es ese?" Supongo que ese fue justo el instante en el que se enamoraron. "Y tu eres..." Pablo, él era Pablo. Ese chico que con sólo mirarte te paraba la respiración. Ese chico que le robó los mejores momentos a esa niña que estaba aprendiendo a amar.
Peleas de almohadas por las noches y muchas tardes de pasión. Todo ésto hacía de su historia de amor como otra cualquiera, una con encanto singular. Incluso la cicatriz de su vientre que a él le gustaba tanto acariciar. Y también la sensación de locura de por las mañanas, al despertar nuevamente juntos, al tener la extraña certeza de que iban a estar para siempre unidos.

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