9 feb. 2010

Porque cada vez que miro al cielo me acuerdo de ti

Y es que todos los días, cuando Laia se levanta, abre la ventana y se asoma mirando al cielo, se le iluminan los ojos de una forma especial, y la brisa golpea en su cara haciendo que se sonrojen sus mejillas. Siempre deja que los silvidos del viento se enreden en sus rizos y acaricien sus orejas hasta que le duelen los oídos. Después respira hondo llenando sus pulmones del aire fresco del campo, exhalando hasta la última gota del aroma de la mañana. Porque Laia sabe disfrutar de las cosas buenas de la vida, porque cuando lo hace, cuando respira tan hondo, no te puedes ni imaginar el escalofrío tan intenso que atraviesa su cuerpo. Es como si pudiera sentir cómo cada molécula de oxígeno se mezcla con la sangre, recorriendo cada una de sus venas. Luego sale a pasear por los parques con un bolígrafo y una pequeña libreta en la mano. A veces me la encuentro por la calle, me intimida mirarla, tiene unos ojos tan profundos, que alguna vez me he perdido en ellos. Nunca me deja ver su libreta, tengo tanta curiosidad, lo cierto es que nunca la veo sin ella. Una vez, tumbada en la hierba, con los ojos cerrados, el cuaderno estaba abierto, y una frase había escrita: "Porque cada vez que miro al cielo me acuerdo de ti". Desde aquel día, la curiosidad me mata, pero no le pregunté nunca, sus ojos me intimidan. Y es que todos los días cada vez que miro al cielo, me acuerdo de ella.

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