7 feb. 2010

Cabaret

- No sé que decirle señor- afirmó Marina con una sonrisa en los labios.

- A lo mejor, si le susurras al oído- sugirió Álvaro.

Ella rió irónicamente sacando una pitillera de cuero negra de la liga de su pierna.

- ¿Fumas?- él la miró sorprendido.

- Sí, ¿quiere?- Su sonrisa insinuante hacía que esa niña de ojos verdes, pareciera realmente toda una mujer.

Él se prendió de ella en ese instante, prendido de una niña de 17 años. Le cogió el cigarro de sus labios y comenzó a fumarlo él. Ella le miró, con mezcla de inocencia y deseo, sabía que eso era lo que le volvía loco. La música de jazz y blues ambientaba aquel cabaret de los años 30. Él puso una mano en su pierna, jugando con la media de red rasgada que ella llevaba. Marina acarició la solapa de la americana de Álvaro, pasó los dedos por su corbata granate oscuro y fijó la vista en el pantalón de pinzas marrón a juego con su chaqueta.

- Marina, al escenario- le indicó un maitre.

Se acercó al oído del joven con la sensualidad digna de una gran bailarina de jazz.

- ¿Qué querría que le susurrara a usted, Álvaro?- Le dijo bajito; le dio un beso suave en la mejilla, cogió su sombrero y se lo puso ella – ahora me perteneces- entonces, se fue al tableado.


Pd. Escrita el 15/Oct/2009

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